Ryan
El aire frío me recibió cuando salí del auto, con Dayana sosteniéndome del brazo como si estuviera hecho de cristal. Mis pulmones protestaron al inhalar, y un leve ardor en la garganta me recordó que no estaba al cien por ciento. Aunque no iba a admitirlo, agradecía que ella estuviera allí; me ayudaba a disimular lo mucho que tambaleaba.
—¿Estás seguro de que no necesitas ayuda para subir las escaleras? —preguntó cuando llegamos a la entrada del edificio, su tono a medio camino entre preoc