Celeste eligió el evento de la fundación porque allí los golpes no parecían golpes: se convertían en observaciones amables, en sonrisas medidas y en comentarios que podían negarse después con una mano en el pecho.
No era una gala grande ni una presentación de socios. Era una reunión de trabajo con las directoras del comité ampliado: quince mujeres, la mayoría de apellidos conocidos, que se veían cada mes para revisar proyectos, aprobar donaciones y mantener con vida una red de influencia que fun