Emilio llegó a la mansión a las nueve de la mañana.
No avisó a los dos. Llamó a Leonardo quince minutos antes, el tiempo suficiente para que Elena recibiera instrucciones, preparara el despacho del ala norte y dispusiera café para dos. No para tres. La señal era clara incluso antes de que alguien pronunciara el nombre de Clara.
Ella lo entendió cuando vio la bandeja salir de la cocina en la dirección equivocada.
No fue a preguntar. Caminó hasta la biblioteca, abrió el cuaderno de notas de la gal