Clara llevaba veinte minutos mirando el cuaderno abierto sobre el escritorio de la habitación azul cuando entendió que no iba a escribir nada esa noche.
No era bloqueo creativo. Era otra cosa: ese estado en que la mente está llena, pero ninguno de sus contenidos tiene todavía la forma adecuada para convertirse en frase. Habían pasado dos días desde la conversación en el jardín, desde que le había dicho a Leonardo que los celos no eran una elección pero los hechos sí, desde que él había respondi