Leonardo no dijo nada esa noche ni a la mañana siguiente. Bajó al desayuno con el saco ya puesto, bebió el café de pie frente al ventanal y salió al despacho antes de que Clara terminara la fruta. No fue grosería. Era el ritmo de un hombre que había decidido que necesitaba espacio antes de hablar, y que hablar antes de tenerlo podía costarle más de lo que estaba dispuesto a perder.
Clara notó todo eso en silencio y guardó la observación donde guardaba las cosas que todavía no sabía del todo cóm