Celeste eligió el jardín para su siguiente movimiento.
No fue casualidad. El jardín era el único lugar de la mansión donde Clara se sentía relativamente a salvo de la arquitectura de los Moretti: sin pasillos vigilados, sin salas llenas de retratos, sin la presión baja pero constante de existir dentro de un espacio construido para otra mujer. En el jardín podía mirar hacia afuera. Podía respirar de otra manera.
Celeste lo sabía.
Era miércoles por la mañana y Clara había bajado con un libro y la