A la mañana siguiente, Clara encontró la taza antes de encontrar a Leonardo.
No estaba dentro de la habitación azul. Estaba sobre una bandeja, en la mesita estrecha del pasillo, junto a la puerta. Una taza blanca de las que usaba el personal en la cocina de servicio, no la porcelana fina del comedor. Había un plato debajo, como si quien la dejó hubiera decidido en el último momento que no era correcto poner cerámica caliente directamente sobre la madera.
El café seguía tibio, no frío del todo. A