Leonardo escribió tres días después del mercado.
No he podido dormir bien desde ese día. No quiero presionarte, pero necesito hablar contigo cuando tú puedas. Si no quieres verme todavía, lo entiendo.
Clara leyó el mensaje dos veces antes de responder. Ella tampoco había dormido bien. La revelación se le había quedado pegada al cuerpo como una segunda piel, no solo por la magnitud de lo que Leonardo ya sabía, sino por la manera en que lo había sabido: en medio de un mercado, con ella mareada, e