El despacho principal de la Corporación Turner estaba en silencio, aislado por sus paredes sólidas y opacas del resto del edificio. Christian ocupaba el asiento tras el escritorio de caoba que antes pertenecía a su abuelo. Frente a él, el sobre amarillo de la investigación permanecía abierto, con los documentos que detallaban mi pasado expuestos bajo la luz fría de la oficina.
Entré sin esperar una invitación y me detuve frente a la mesa, manteniendo la espalda recta y la la barbilla en alto.