El silencio de la mansión se quebró a las tres de la mañana. El sistema de seguridad, un entramado de sensores y cámaras que Christian me había enseñado a manejar en las noches de insomnio, emitió un pitido seco y constante. Me incorporé en la cama de un salto. La pantalla táctil junto a la cabecera mostraba tres figuras vestidas de oscuro saltando el muro perimetral norte. No eran ladrones comunes; se movían con la formación táctica de los hombres que el abuelo Turner mencionaba en sus inform