El aire acondicionado del automóvil negro deportivo de Christian zumbaba en el habitáculo, pero yo mantenía las manos firmes sobre el volante de cuero. Estaba aparcada frente a la entrada principal del hospital, un edificio de cristal y acero que brillaba bajo el sol de la tarde. En el asiento del copiloto, una tableta mostraba tres barras de frecuencia de audio. El dispositivo estaba conectado al micrófono oculto que Benjamín llevaba bajo la solapa de su chaqueta barata.
Había pagado la fian