El frío suelo de mármol parecía guardar el secreto de lo que acababa de ocurrir en el salón. Elena seguía inmóvil junto a la mesa de caoba, con la mirada fija en lo alto de la escalera, donde la figura de Diego acababa de desaparecer.
Su mente era un caos. No lograba comprender las transiciones emocionales de aquel hombre. En la habitación, mientras ella le abotonaba la camisa, hubo algo real entre ambos: una vibración que lo hacía parecer humano. Sin embargo, tras el éxito del teatro frente a D