Mundo ficciónIniciar sesiónEsa tarde, los pasillos de la Hacienda Valera se sentían más estrechos que de costumbre. Diego estaba de pie junto al gran ventanal que daba al jardín del laberinto, intentando ajustarse su Patek Philippe. Sus movimientos solían ser precisos, pero esta vez tuvo que intentarlo tres veces antes de que el cierre metálico encajara correctamente.
La herida de su espalda aún lat&i







