Mundo ficciónIniciar sesiónElena observaba su reflejo en el gran espejo de la habitación de la Hacienda. El vestido de seda negra que vestía se ceñía a su cuerpo a la perfección: elegante, costoso y recatado, pero por alguna razón se sentía más expuesta que nunca. Se estaba retocando el recogido del cabello cuando la puerta se abrió sin llamar.
Entró Diego.







