Los pasos de la familia Collins se sentían extremadamente pesados mientras se alejaban del área del altar. Alexander caminaba con la mirada vacía, mientras James no dejaba de apretar el puño con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Las palabras “señor Collins” pronunciadas por Harper aún resonaban con fuerza en sus oídos, destrozando los últimos restos de esperanza que habían traído al ballroom.
A diferencia de Alexander, que parecía devastado, Elizabeth caminaba con la espalda