En otro lugar separado, concretamente en la residencia principal de la familia Roth, el ambiente no era menos opresivo y frío. Vincent Roth estaba sentado solo en la oscuridad de su amplio despacho, mirando al vacío el suelo de mármol sin interés. Frente a él, sobre el escritorio, una botella de whisky caro ya estaba medio vacía, convertida en el desahogo de su frustración acumulada.
Vincent recordaba el momento terrible en el hotel de hacía unas horas, donde se había visto obligado a apartar l