Mundo ficciónIniciar sesiónEl viaje de regreso transcurrió en completo silencio. Harper iba sentada en el asiento del copiloto, observando las luces de la ciudad que pasaban por la ventanilla. A su lado, Darian seguía concentrado en conducir. El rostro del hombre permanecía calmado, frío y difícil de leer.
Después de varios minutos, Darian rompió el silencio.
—¿Qué te dijo Victoria?Harper no giró la cabeza de inmediato.
—¿Hm?—¿Te amenazó?
Una sonrisa sutil apareció en los labios de Harper.
—Solo fue una charla entre mujeres.Darian la miró brevemente a través del espejo retrovisor.
—Eso no suena muy convincente.—Victoria simplemente no quiere perderte —rio Harper suavemente.
—¿Y?
—También me subestimó.
—Eso era de esperarse —respondió Darian con tono neutro.
Harper negó ligeramente con la cabeza. La reacción de Darian era demasiado tranquila, como si todas las acciones de Victoria ya estuvieran dentro de sus cálculos.
El auto volvió a quedar en silencio. Esta vez, fue Harper quien decidió hablar.
—Darian.—¿Hm?
Harper miró el perfil lateral del hombre durante unos segundos.
—¿Por qué me defendiste de esa manera?Darian no apartó la vista de la carretera.
—¿Qué quieres decir?—Como ellos dijeron, estaban dispuestos a aceptar a Jesslyn —Harper suspiró suavemente y bajó la mirada—. Sin importar la relación entre las familias Averil y Vane, Jesslyn sigue siendo tu sangre. Yo todavía podría verla cuando me necesite sin tener que casarme. En realidad, no tenías que llegar tan lejos.
Darian apretó el volante un poco más fuerte.
—Tú no los conoces, Harper.—¿Qué quieres decir? ¿No sería algo bueno que la aceptaran?
—No siempre —la voz de Darian sonó grave—. Ellos aceptan a Jesslyn porque es la heredera de la familia Vane, no porque la quieran. Rosalie tal vez podría aceptarla, pero las familias grandes Vane y Averil no son tan sencillas.
Darian hizo una breve pausa.
—Si Jesslyn crece entre ellos sin alguien que realmente la proteja, su destino podría ser mucho peor que todo lo que tú viviste en la familia Collins.Harper se quedó helada. Esa frase golpeó directamente su mayor temor: ver a Jesslyn crecer sufriendo la misma opresión que ella había vivido.
—Quiero que haya alguien en quien realmente se pueda confiar al lado de Jesslyn —continuó Darian—. Alguien que la elija por encima de la familia, el dinero o el estatus.
La mirada de Harper se suavizó poco a poco. Las razones de Darian ahora eran claras; ya no se trataba solo del contrato o las formalidades, sino puramente del futuro de Jesslyn.
—¿Y esa persona soy yo?
Darian asintió brevemente.
—Sí.Esa respuesta tan simple dejó a Harper sin palabras. Después de unos momentos para recomponerse, recordó algo más.
—¿Les dijiste que soy la madre biológica de Jesslyn?—No.
Harper frunció el ceño.
—Entonces, ¿por qué asumieron eso?—Te vieron con ella. Vieron cómo te trataba la familia Collins y sacaron sus propias conclusiones —respondió Darian con franqueza.
Harper soltó un largo suspiro. La estructura de este problema era mucho más complicada de lo que imaginaba. Ni siquiera quería pensar en el caos que se desataría si la familia grande Vane descubría la verdad real.
—¿Qué hay de la familia Collins? —preguntó Harper después—. ¿De verdad no te importa si les pasa algo?
—No —respondió Darian rápidamente, sin ninguna duda.
Harper sonrió ligeramente.
—Ya me lo imaginaba. Los Averil no se quedarán de brazos cruzados.—Seguro que actuarán —asintió Darian—. Y yo también tengo mis propios planes para la familia Collins. Ya te han hecho demasiado daño.
Harper volvió a girar el rostro hacia la ventanilla. Imágenes del pasado cruzaron por su mente: la noche en que dejó la casa, el rostro apático de su padre, la indiferencia de sus hermanos, y Elizabeth —la mujer que se suponía era su madre, pero que más la había lastimado—. Las palabras de Elizabeth cuando se encontraron por casualidad en el centro comercial días atrás resonaron claramente: “¿Te estás vendiendo, Harper?”
Curiosamente, el dolor de ese recuerdo ya no era tan intenso como antes.
—Tal vez… —Harper dejó la frase en el aire.
Darian la miró de reojo.
—¿Tal vez qué?—Tal vez un poco de realidad les haga entender que no todo en este mundo sale como ellos quieren.
Darian no respondió, pero la comisura de sus labios se elevó ligeramente —una sonrisa sutil casi imperceptible, pero que Harper captó.
El auto finalmente atravesó el portón y se detuvo en el patio de la mansión Vane. Al entrar a la casa, ambos se detuvieron al mismo tiempo.
Sobre el sofá de la sala familiar, donde aún había luces encendidas, Jesslyn dormía profundamente. Su pequeño cuerpo estaba acurrucado mientras abrazaba con fuerza el viejo osito de peluche que Harper le había regalado, ignorando la pila de juguetes nuevos y mucho más lujosos que había en su habitación.
—Nos estaba esperando —susurró Harper con ternura.
Darian se acercó, y su mirada se suavizó por completo al mirar a su hija. En ese instante, toda la complicada atmósfera sobre las familias Averil, Victoria y Collins se desvaneció. Solo quedaba un padre velando por el sueño tranquilo de su hija, y una mujer que ahora entendía perfectamente por qué ese hombre estaba luchando tan duro.







