Ariadna observaba todo a su alrededor con una mezcla de asombro y cautela. No solía viajar en vuelos privados, no porque no tuviera los medios, sino porque Franco siempre prefería mantener un perfil bajo. Aquel jet era otra historia. Los asientos de cuero blanco relucían bajo la luz tenue, y el lujo estaba en cada rincón, desde las alfombras suaves hasta la vajilla de cristal.
—Luces cansada. Hay una habitación al fondo, si quieres descansar —le dijo Máximo, sentado frente a ella, relajado pero