Ariadna no había dormido en toda la noche. Con la lámpara de escritorio encendida, devoró papeles, informes y fotografías hasta que los ojos comenzaron a arderle. Volvió a mirar una de las dos fotos que Franco había dejado... la otra aún no aparecía. Tal vez estaba entre los documentos que seguían revueltos sobre la alfombra. Se preguntó cómo había conseguido Franco esas imágenes, y una punzada de angustia le atravesó el pecho.
Máximo y Anthoine la visitaron frecuencia, insistiendo en acompañar