Desde que Máximo le confesó su amor, Ariadna estaba más nerviosa que nunca. No quería herirlo, pero tampoco podía corresponderle. Su mente era un torbellino de ideas y sentimientos que apenas podía ordenar.
La noche con Antonio había resultado perfecta. Tal como había planeado, él cayó inconsciente, y ahora dormía sin saber lo que había ocurrido. Mientras tanto, Ariadna sabía que Leonardo también tramaba algo en las sombras. Pero esta vez, él sería quien recibiría la sorpresa.
Desde la ventanil