DAMIÁN
El doctor se dio la media vuelta y se alejó por el pasillo. Isabella me miró con unos ojos llenos de una gratitud tan inmensa que me apretó el pecho.
—Gracias —me susurró, agarrándome la mano—. No iba a soportar irme a la casa y dejarlos aquí.
—Jamás te pediría que los dejaras —le contesté, acariciándole la mejilla—. Me voy a quedar a dormir contigo en esa cama de hospital todos los días hasta que nos los entreguen sanos y salvos.
En ese preciso instante, el celular en el bolsillo intern