DAMIÁN
Me pegué por completo a la cabecera de la plancha, bloqueando con mi propio cuerpo la vista de Isabella hacia lo que el equipo médico estaba haciendo de la cintura para abajo.
Le agarré la cara con las dos manos. Estaba muy pálida, casi transparente, sudando frío y temblando violentamente por el efecto de la anestesia local que le acababan de poner en la espalda.
—Mírame a los ojos —le ordené, con la voz más firme, gruesa y segura que pude sacar de mi garganta, aunque por dentro sentía qu