ISABELLA
El frío de la sala de preparación me tenía castañeteando los dientes de forma incontrolable. Un doctor me estaba acomodando una sábana por encima de las piernas desnudas, mientras otra enfermera me ajustaba la vía del suero en el dorso de la mano derecha. Todo pasaba demasiado rápido, un caos de voces y ruidos que me aturdían.
—Doctor, la presión de la paciente está subiendo a niveles peligrosos —avisó la enfermera, mirando la pantalla del monitor con evidente nerviosismo, tecleando ráp