El silencio en el ala médica de la mansión Cavalli siempre había sido un recordatorio de su vulnerabilidad, pero esa mañana, el aire pesaba de una forma distinta, Sebastián estaba sentado en el borde de la camilla, vestido con una bata de seda gris, mientras el doctor Arrieta retiraba los últimos vendajes después de la intervención de choque y el tratamiento experimental de la noche anterior, está decisión que tomaría antes de todos los acontecimientos concurridos con su tía Lucía.
y así poder