La tormenta que azotaba los ventanales de la mansión Cavalli parecía un presagio, dentro el aire era cálido, perfumado con sándalo y el aroma del café recién hecho, pero la paz era una ilusión frágil.
Clara estaba sentada en el despacho de Sebastián, organizando los documentos de la constructora con una eficiencia que ya no le resultaba ajena.
Se había acostumbrado tanto a ser "Isabella" que, a veces, el nombre de Clara le sonaba como un eco lejano de una vida que ya no le pertenecía,
Sebas