La advertencia del Dr. Keller flotó en el aire del estudio como una sentencia de muerte envuelta en términos médicos.
La pantalla holográfica seguía parpadeando en ese rojo furioso, mostrando las líneas de flujo cuántico que debían unir mi código genético con el cerebro de Malachi. El gráfico de mi ritmo cardíaco colapsaba en una línea plana en la simulación.
Malachi se puso de pie de golpe. La silla de cuero detrás de él rodó con violencia, estrellándose contra el gran estante de madera.
Su ro