Narrado por Emma
El sudor aún no se había secado sobre nuestras pieles y el eco de nuestros jadeos seguía flotando en la penumbra de la habitación, pero la fiera que Noah llevaba dentro no se había saciado. El calor abrasador de la entrega anterior, lejos de mitigar la tormenta, había encendido un hambre diferente. Una urgencia más primitiva, desprovista de las palabras hirientes de antes, pero cargada de una necesidad de posesión absoluta que desafiaba cualquier lógica.
Noah no me permitió des