Narrado por Emma
La tensión en la casa se había vuelto algo casi físico, una cuerda tensada al límite que amenazaba con romperse y cortarnos el cuello a los dos en cualquier momento. Seguíamos enfurecidos, habitando un silencio hostil que solo se quebraba con palabras afiladas como navajas. Pero lo que resultaba verdaderamente desquiciante no era el rencor, sino la absurda contradicción que el cuerpo de Noah manifestaba día tras día. El General de la Toscana, el hombre que me miraba con ojos de