Narrado por Noah
La cena fue un suplicio de los que no se describen en los manuales de tortura medieval. Estábamos allí, sentados a la mesa de caoba maciza, bajo la mirada siempre atenta de Rosa, quien servía la sopa de cebolla con una parsimonia que me ponía los nervios de punta. El silencio en el comedor no era el silencio gélido de hace unos meses; era un silencio espeso, cargado de la humedad y el olor a piel que todavía parecía flotar entre Emma y yo.
Intenté concentrarme en la comida, per