**Narrado por Emma**
El mensaje de los Moretti seguía quemando en mi memoria, pero en el momento en que cerré la puerta de la habitación principal por la noche, la realidad exterior volvió a desvanecerse. Noah me esperaba en la penumbra, sentado en el borde de la colchonería del gran ventanal, donde la luna llenaba su piel de reflejos plateados. Ya no había espacio para las dudas, ni para el pasado, ni para Stefano. Solo existía el magnetismo animal que nos arrastraba al centro de la cama cada