Narrado por Noah
La habitación estaba sumergida en una penumbra azulada, rota solo por el resplandor plateado de la luna que se colaba entre las cortinas entreabiertas de Val-de-Lune. El aire olía a nosotros: a deseo cumplido, a piel caliente y a esa fragancia de flores silvestres que Emma siempre desprendía. Estábamos tendidos sobre las sábanas desordenadas, todavía desnudos, con los cuerpos entrelazados como si intentáramos protegernos del resto del mundo.
Yo apoyaba la espalda contra el cabe