Narrado por Noah
El olor a antiséptico y el brillo clínico de las luces LED del consultorio del Dr. Arismendi solían ser para mí el escenario de mis peores derrotas. Durante dos años, visitar un hospital significaba salir con la cabeza baja, cargando con el peso de la palabra "permanente" resonando en mis oídos. Pero hoy, mientras Emma empujaba mi silla por los pasillos de mármol de la ciudad, algo se sentía distinto. Quizás era el calor de su mano que de vez en cuando rozaba mi hombro, o quizá