JACKELINE
El primer día me dije que sería fácil ignorarlo.
Entré a la cafetería con mis auriculares puestos —música a todo volumen—, gafas de sol aunque estuviera nublado, y la determinación de no mirarlo. Igual él estaba ahí, apoyado en la barra como si la madera se hubiese construido para su espalda y sus tatuajes fueran parte del diseño del local. No me habló de inmediato. Solo levantó el mentón en un saludo mínimo, como si no quisiera asustar a un animalito nervioso. Yo, el animalito. Yo, l