ADRIANO
El día estaba siendo perfecto.
Dalia había reído más que en toda la semana, los trillizos dormían en paz, y el aire de la casa olía a pan tibio y flores del jardín.
Por primera vez en mucho tiempo, sentía que la calma volvía a tener un lugar entre nosotros.
Estábamos en la sala, ella acurrucada a mi lado, mientras Jacke jugaba con Alessandro sobre la alfombra.
Dalia hablaba de probar una receta nueva de pie de maracuyá, y yo solo la miraba, fascinado por el brillo que había regresado a