DALIA
Había pasado casi un mes desde la muerte de Isandro, y la paz, al fin, había vuelto.
Ahora volvíamos a salir, a tomarnos nuestro café de siempre, aunque Jacke no podía disfrutar mucho: su embarazo y las náuseas matutinas la tenían aburrida.
Pero ahí estaba Alessandro, a su lado, sosteniéndola, cumpliéndole cada antojo o capricho que se le ocurría… y yo sabía que se aprovechaba de eso.
Estábamos en nuestra cafetería favorita.
Annalena y Alessia nos acompañaban, y, por supuesto, Alessandro