DALIA
El avión privado descendió suavemente, y mi corazón latía con la misma emoción que el primer día que subí a bordo como esposa de Adriano. Afuera, la pista brillaba bajo el sol de la tarde, y a lo lejos nos esperaba un auto negro para llevarnos de regreso a la mansión.
Adriano tomó mi mano, entrelazando nuestros dedos con esa firmeza que siempre me hacía sentir protegida.
—¿Lista para volver a casa, señora Blackstone?
Sonreí, apretando sus dedos.
—Lista. Aunque confieso que dejar atrás Gre