SARA BLACKSTONE
Estaba sentada en la sala de espera.
Mi corazón latía con fuerza. Tenía las manos heladas, la garganta cerrada. Estaba asustada… terriblemente asustada.
No quería perder a Valerio.
No podía seguir negándolo: ese hombre se había metido en mi corazón.
Jacke y Alessandro no me dejaban sola; uno a cada lado, atentos, intentando calmarme sin saber cómo.
Por un lado, tenía la alegría más grande de mi vida: mis trillizos habían llegado al mundo. Era abuela.
Y por otro, el miedo más pro