ANNY
La bodega olía a metal caliente y a pólvora vieja. Entramos con Jean y Polera, era medio día y la luz que se colaba por las rendijas dibujaba líneas cortantes sobre el polvo. Layla estaba ahí, encorvada en un rincón, las vendas negras alrededor de la sien, la ropa hecha trapos. Tenía la cara pálida, estaba amarrada y dormida, habían cauterizado las heridas con fierros calientes para evitar que muriera hasta que yo llegara. esa un despojo, pero era la misma mujer que quiso jugar con fuego en