Besos que dejan con hambre.
DALIA
Las horas de trabajo pasaron lentas, pero no porque estuviera aburrida. Todo lo contrario.
Era porque mi mente seguía reproduciendo una y otra vez el momento en que Adriano, impecable con su traje, había aparecido frente a mi puerta esa mañana.
El beso suave, el anillo deslizándose en mi dedo, sus palabras… "Esta fue mi promesa de que volvería, Dalia, y aquí estoy rogando por una segunda oportunidad".
Me descubrí sonriendo como una tonta mientras acomodaba unos pasteles en la vitrina.
—Oy