Tomás se sentó junto a su esposa, y Valentina llegó con Emma en brazos. Las tres generaciones compartían ese momento juntos, y Helena supo que todo había valido la pena. Las lágrimas, las peleas, las dudas. Todo había llevado a ese momento de paz y felicidad.
Jimena miró a su alrededor: a Helena, la nuera que había aprendido a querer; a Máximo, el hijo que había aprendido a respetar; a Santiago y Emma, los nietos que le habían enseñado a amar sin condiciones; a Valentina y Tomás, la hija y el y