—¡Hijo! — Al fin iba a ver a Mauro, luego de ver partir a Leandro sin que este quisiera darle ningún tipo de ayuda con relación a su madre, seguía sin poder creer no fuese capaz de colaborar para que su madre se librara de la cárcel—. Menos mal que estás bien. — Lo inspeccionó por unos segundos y luego le dio un beso.
—Sí, no he recibido un daño grave. ¿Has visto a mamá?
—Todavía. Cuando salga de aquí le pediré a un oficial que me deje verla.
—Sí, eso es bueno, espero que ella también se encuentre bien. Leandro ya se ha ido.
—Hace uno minutos. Intenté…— se sentó junto a su hijo menor—, intenté que Leandro me ayudara con una cosa, pero se ha negado. No puedo creer que actuara de ese modo, algo le ha pasado y no sé qué. Él no es así, no sé qué lo ha cambiado de manera tan drástica y en una situación como esta.
—Creo que sí lo sabes, papá. —Gio giró su rostro en dirección a su hijo menor—. Mírame, esto me lo ha hecho mamá y supongo que he salido bien parado, pudo haber sido peor, pudo ha