El silencio fue tortuoso de camino a casa, Chiara no podía recostarse al asiento porque le dolía mucho la espalda, miraba a Daniele y este parecía peligrosamente sereno, ella no tenía palabras para decir.
Cuando llegaron a casa él tomó a Dav al igual que a su bolso, al entrar lo dejó en manos de su madre y llevó el bolso hacia la habitación.
—Saldré, Chiara—anunció, notándose la tensión en su voz.
—¿A dónde vas? ¿Por qué no te quedas?
—Tengo que hacer algo—se dirigió hacia la puerta, Chiara entró a la habitación de su hijo y lo colocó en la cuna, corriendo tras Daniele, sujetó su mano, aferrándose a él.
—Daniele, escúchame un momento.
—No me dijiste lo que pasó, no me dijiste que los habías visto, ¡no me dijiste nada!
—¿Habría sido diferente tu comportamiento? ¿Puedes asegurarme que habría sido diferente? —él guardó silencio, el resultado podría haber sido el mismo, quizás no en ese escenario, pero sí acabaría en una pelea entre él y Mauro.
—Si alguien te hace algo… no puedes callar p