El silencio fue tortuoso de camino a casa, Chiara no podía recostarse al asiento porque le dolía mucho la espalda, miraba a Daniele y este parecía peligrosamente sereno, ella no tenía palabras para decir.
Cuando llegaron a casa él tomó a Dav al igual que a su bolso, al entrar lo dejó en manos de su madre y llevó el bolso hacia la habitación.
—Saldré, Chiara—anunció, notándose la tensión en su voz.
—¿A dónde vas? ¿Por qué no te quedas?
—Tengo que hacer algo—se dirigió hacia la puerta, Chiara ent