—¡Pero viejo! —No era Daniele, sino Nico, el menor de los hermanos—. ¿Todavía puedes andar? —se acercó a su abuelo con el mismo jugueteo de siempre, le pateó el bastón para ver si se caía y Fabrizzio levantó sus manos, mostrándole a su nieto que podía mantenerse en pie, Nico procedió a acercarse a él, levantándolo unos centímetros del suelo mientras el cuerpo huesudo de su abuelo se movía entre sus brazos.
—¡Vaya que estás fuerte!
—Joven, lo que te hace falta a ti, abuelo. Estás un anciano. —Lo