Habría sido más sencillo descubrir que su hermano no estaba enamorado de su esposa y que solo se dejó llevar por un plan de su madre en contra de Davide.
Pero no era el caso.
Mientras conducía hacia su casa, Davide se detuvo casi a medio camino.
Llevó una mano a su frente, la cabeza le dolía mucho, el rostro cambiado de su hermano no salía de su cabeza.
—¿De verdad la ama? —se preguntó en voz baja.
Volvió a conducir, encendiendo la radio y subiendo el volumen para no tener que pensar, para sile