Habría sido más sencillo descubrir que su hermano no estaba enamorado de su esposa y que solo se dejó llevar por un plan de su madre en contra de Davide.
Pero no era el caso.
Mientras conducía hacia su casa, Davide se detuvo casi a medio camino.
Llevó una mano a su frente, la cabeza le dolía mucho, el rostro cambiado de su hermano no salía de su cabeza.
—¿De verdad la ama? —se preguntó en voz baja.
Volvió a conducir, encendiendo la radio y subiendo el volumen para no tener que pensar, para silenciar sus pensamientos.
Pero volvió a detenerse.
Esta vez salió del coche, abrió los botones de su camisa y comenzó a caminar.
¿Y si Chiara sentía cosas por Dante?
¿Por qué tenía tantas dudas?
Dante era el hombre que la había estado buscando por todo un año, a pesar del daño recibido, siguió en búsqueda de ella.
—¿Y yo quien soy para Chiara? —El hombre que la humilló, rechazó y le mintió en múltiples ocasiones y ahora estaba planteándose la posibilidad de usar a Dav a su favor—. No tengo que ser