SERENA
Quiero correr a Dante, a su calor, pero la furia y el dolor me atan, mis pasos temblando mientras me alejo del coloso de vidrio y acero.
—Serena, espera —llama Gabriele, su voz tensa, alcanzándome en la acera, sus ojos grises buscando los míos.
Me detengo, girándome, mis puños apretados, mis uñas clavándose en las palmas.
—¿Qué quieres? —siseo, mi voz rota, pero sin perder las fuerzas—. ¿Más excusas? ¡¿Qué demonios quieres?!
—Vamos a tomar algo —dice, su mano alzándose, como si pudiera c