SERENA
La vida es un juego, y yo siempre gano. Pero esta vez, cariño, el premio no se está dejando atrapar tan fácil.
Cabalgaba junto a Bianca por la finca de mi padre, el sol pegando fuerte en la espalda y el viento jugando con mi cabello. Los cascos de los caballos repicaban contra la tierra seca, y el aire olía a hierba y libertad. Era el lugar perfecto para despejar la cabeza, pero mi mente seguía atrapada en él. Ese chef. Ese maldito hombre que me había clavado una mirada y ahora vivía gra