SERENA
Han pasado casi tres meses desde que dejé Milán, desde que corrí por las calles huyendo de una cena que me asfixió, desde que tomé un vuelo a Texas sin mirar atrás.
La casa alquilada en las afueras de Austin se ha convertido en mi refugio, un lugar sencillo con paredes blancas y un porche que cruje bajo mis pasos. Aquí, sola, he intentado desentrañar mi vida, recoger los pedazos de una Serena que no sé si alguna vez existió. Falta poco más de un mes para que el divorcio pueda solicitarse