La mañana del cumpleaños de Chiara amaneció suave y luminosa, los primeros rayos del sol se filtraban por las cortinas haciendo que sus ojos se abrieran.
De repente, los suaves acordes de una guitarra la sacaron de su sueño, seguidos por voces armoniosas cantando en italiano. Confundida pero intrigada, Chiara se levantó y caminó hacia la sala, guiada por la música encantadora.
Al llegar, encontró a Daniele de pie en el centro de la sala, rodeado por un pequeño grupo de músicos. En sus manos, so