Nadie toca a mi mujer. 2/2

—Pasará. Come —ordenó.

Melissa lo miró de reojo, pero terminó sirviéndose un poco de todo. El hambre no se había ido y el olor de la comida le había estimulado aún más el apetito, así que simplemente comió. Ares notó cómo la joven cerró los ojos al primer bocado y, aunque su rostro continuó serio, sintió complacencia al verla más animada con la comida, incluso tomando un sorbo de café, al que arrugó un poco el rostro.

—¿No te gusta?

—Es que casi no lo tomo negro —respondió ella—. Prefiero el ca
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