Elevó su mirada, que había estado posada en su mano, cuando la camioneta ingresó a los terrenos de la hermosa mansión. Al fin notó a los perros, que agitados salieron tras el vehículo, pero lo que la llevó a tragar saliva fue la alta e imponente figura de él, esperándola en esa área. Lucía tan apuesto como oscuro, delineado por la luz de un atardecer que, sin duda, en esa zona se apreciaba mejor. Su camisa negra ajustada con perfección, las manos en la espalda y su seria mirada puesta sobre el